Mirar a los ojos puede ser incómodo o muy difícil para algunas personas autistas, y para otras no. «Mírame cuando te hablo» es una frase que muchas han oído cientos de veces. Esta entrada recoge lo que dicen guías en castellano sobre la mirada, con una idea de fondo: la mirada no mide si alguien escucha o si quiere comunicarse.
En resumen
- Mirar a los ojos puede ser difícil para algunas personas autistas, pero no para todas.
- Una hipótesis que cita una guía lo relaciona con la reactividad visual elevada, y no sirve como explicación para todas las personas.
- Forzar la mirada tiene un coste, porque el esfuerzo constante de camuflarse puede generar estrés y ansiedad.
- La mirada no mide si alguien escucha, por lo que conviene priorizar que la persona atienda y se comunique.
¿Qué dicen los criterios y las guías?
Los criterios diagnósticos (DSM-5-TR y CIE-11) incluyen, dentro de las dificultades de comunicación no verbal, un contacto visual poco habitual. Así lo recoge la guía del Col·legi de Logopedes de Catalunya (2026). La guía para la comunidad educativa describe que la mirada puede ir desde una mirada directa de corta duración hasta no poder mirar a los ojos de forma sostenida.
Es decir, no todas las personas autistas evitan la mirada de la misma manera. Hay diferencias entre personas y entre momentos.
Una explicación sensorial
La guía de AETAPI sobre diversidad sensorial recoge una hipótesis. Algunos autores relacionan la reactividad visual elevada, frecuente en el autismo, con la evitación del contacto ocular. Y sugieren que el uso poco eficiente de la mirada social podría ser una forma de autorregulación, para compensar problemas de modulación sensorial.
Es una hipótesis que la guía cita. No es una explicación válida para todas las personas. Pero encaja con algo que la misma guía señala: la sensibilidad a la luz es frecuente. Si quieres entender mejor este tema, mira procesamiento sensorial.
Otras explicaciones posibles
- Leer caras cuesta. La guía para la comunidad educativa explica que hay dificultades en procesos perceptivos relacionados con la lectura de expresiones faciales. Mirar una cara puede dar mucha información y poco sentido.
- Un malentendido entre dos formas de comunicar. La guía de logopedia habla de la «doble empatía» (Milton, 2012): las dificultades aparecen entre personas con perspectivas distintas, no solo en una de ellas. Los demás pueden interpretar mal una mirada distinta.
- Estar activada o saturada. Una guía de Plena Inclusión sobre prácticas restrictivas pone un ejemplo: con una persona muy alterada, el personal evitó el contacto visual directo, porque la alteraba demasiado, y se limitó a escuchar.
El coste de forzar la mirada
La guía de logopedia explica que algunas personas autistas «camuflan» sus rasgos. Una de las formas es imitar patrones sociales, como mantener el contacto visual. Dice que este esfuerzo constante puede generar estrés, ansiedad y depresión. Mira camuflaje social.
¿Qué hacer en la práctica?
- Prioriza que la persona atienda y se comunique, antes que mirar. La mirada es solo una parte de la atención conjunta.
- Pregunta o observa qué le resulta cómodo. Cada persona es distinta.
- Cuida el entorno: luz, ruido y espacio. Mira estrategias de comunicación.
- No interpretes la falta de mirada como falta de interés o de respeto.
Preguntas frecuentes
¿Si no me mira, no me escucha?
No necesariamente. La mirada y la atención son cosas distintas, y las guías no las igualan.
¿Hay que entrenar el contacto visual?
Se recomienda valorarlo caso a caso.
¿Lo hacen todas las personas autistas?
No. Hay mucha variedad. Lee también las características del autismo.
Para seguir leyendo
Para saber más
«La diversidad sensorial en las personas con TEA. Prácticas recomendadas para mejorar la calidad de vida de las personas con TEA y sus familias» (AETAPI); «Trastornos del espectro autista», en «Declaración de posicionamientos y buenas prácticas en el ejercicio profesional de la logopedia» (Col·legi de Logopedes de Catalunya, 2.ª ed., 2026); «TEA. Una guía para la comunidad educativa»; «Reducción de las prácticas restrictivas» (Plena Inclusión, 2018).
