Pautas ante rabietas en niños con autismo: antes, durante y después

Esther cuadrado Barbería

Editora de La Sonrisa de Arturo · Comunicación clara y centrada en las personas.

Lenguaje claroFrases cortas y palabras sencillas, para entenderlo a la primera.

3 min de lectura

Con un niño autista, una rabieta no siempre es una rabieta: a veces es un meltdown y a veces es una forma de comunicar algo. Y es difícil de vivir, tanto para el niño como para quien lo acompaña. Esta entrada reúne las pautas que recoge la guía de la Federación Autismo Madrid (2021) y alguna idea de Plena Inclusión (2021).

En resumen

  • Si no hay una razón aparente, se recomienda descartar problemas físicos o médicos, y si lo que ocurre es una sobrecarga, no es una rabieta.
  • Durante la rabieta se protege a la persona y a los demás y se da una respuesta de baja intensidad con estrategias de calma.
  • Plena Inclusión propone usar consecuencias relacionadas con la conducta, respetuosas, razonables y útiles, en lugar de gritar o castigar.
  • Si las rabietas son regulares, conviene acordar un plan con otra persona que ayude.

Primero, entender qué es

Si no hay una razón aparente, la guía recomienda descartar problemas físicos o médicos. Si lo que ocurre es una sobrecarga, no es una rabieta. Mira qué es un meltdown.

Antes de que empiece

  • Averiguar la causa. Y valorar si hace falta hacer esa demanda, de esa forma y en ese momento. La guía indica que es más fácil cambiar la forma de una demanda en una fase temprana que dejar que la persona se acostumbre a hacer una rabieta para evitarla.
  • Tratar la conducta como comunicación. Descubrir su intención. A veces implica permitirle algo que desea o permitirle negarse. Y animarle a usar otras formas de comunicación que sustituyan a las rabietas.
  • Desviar la atención cuando se ha fijado en un detonante.

¿Qué hacer durante la rabieta?

  • Proteger a la persona: mover o retirar los objetos con los que pudiera dañarse.
  • Proteger a los demás y pedir que se retiren, lo que reduce que la conducta se vea reforzada.
  • Dar una respuesta de baja intensidad: seguir con estrategias de calma. A veces lo mejor es no hacer nada.
  • Si las rabietas son regulares, acordar un plan con otra persona que ayude.
  • Si se cree que la rabieta sirve para evitar una tarea, no dar a entender que funciona, aunque no se quiera provocar otra. Lo explica así la guía de Madrid.

¿Qué hacer después?

Dar espacio. Volver poco a poco a la normalidad. Retomar la demanda cuando haya calma. Hablar o representar con dibujos lo ocurrido. Y reconstruir el vínculo. Mira cómo actuar ante un meltdown.

¿Qué pasa si se grita o se castiga?

Plena Inclusión (2021) señala que gritar a una persona a veces hace que deje de hacer algo, pero es muy posible que la conducta vuelva, y que los castigos a veces se convierten en refuerzos porque proporcionan atención. Propone usar consecuencias con cuatro criterios: relacionadas con la conducta, respetuosas (sin daño ni humillación), razonables y útiles. Mira prejuicios sobre la conducta.

Preguntas frecuentes

¿Hay que ceder o no?

Depende de la función. Averigua qué comunica la conducta. A veces conviene permitir la negativa y enseñar otra forma de pedirlo.

¿Y si lo hace para conseguir algo?

Puede ser. La guía recomienda que la rabieta no funcione como recurso y enseñar otra forma de pedir. Lee evaluación funcional de la conducta.

¿Cuándo pedir ayuda?

Si son frecuentes, intensas o hay riesgo, consulta con un profesional con experiencia en autismo.

Para saber más

Guía de la Federación Autismo Madrid sobre conductas desafiantes (2021); «Conductas que nos preocupan en personas con discapacidad» (Plena Inclusión, 2021).

Nuestro contenido se basa en guías de buenas prácticas de instituciones de referencia en autismo y neurodiversidad.

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