La integración sensorial de Ayres es una teoría sobre cómo el cerebro organiza las sensaciones, y su terapia cuenta con un apoyo limitado en la evidencia. La expresión aparece en informes, anuncios y conversaciones de familias, pero no todo lo que se llama así es lo mismo, ni tiene el mismo respaldo. Aquí te cuento lo que dicen las guías españolas, incluidas las partes en que no coinciden del todo, porque en este tema conviene ser honestos.
En resumen
- La integración sensorial es una teoría de Jean Ayres sobre cómo el cerebro organiza las sensaciones del cuerpo y del entorno.
- La guía española de 2006 la clasificaba como evidencia débil, y la guía más reciente de AETAPI recoge apoyo en revisiones posteriores, con condiciones.
- La terapia de Ayres, aplicada por terapeutas formados y con objetivos claros, cuenta con algún apoyo, pero el nivel de evidencia sigue siendo limitado.
- No se debe prometer a las familias que cure ni que mejore los síntomas centrales del autismo.
¿Qué es la integración sensorial y de dónde viene?
La teoría de la integración sensorial la desarrolló en los años 60 Jean Ayres, terapeuta ocupacional y neurocientífica. Explica cómo el cerebro organiza las sensaciones del cuerpo y del entorno para dar respuestas adaptadas, y se centra sobre todo en los sistemas táctil, vestibular y propioceptivo. En la práctica, la terapia de integración sensorial de Ayres la realiza un terapeuta ocupacional con formación específica: sesiones de juego, con equipo especial (columpios, actividades de trepar o movimiento), donde se ofrecen retos ajustados a lo que la persona puede hacer.
Una teoría con base en la neurociencia no es lo mismo que una terapia con eficacia demostrada. Eso hay que valorarlo con estudios.
Lo que decía la guía española de 2006
La Guía de buena práctica para el tratamiento de los TEA (Revista de Neurología, 2006) revisó el tema. Citaba dos revisiones sistemáticas: una concluía que no había efectos positivos significativos y otra que no había evidencia suficiente para apoyarla ni rechazarla. Varias guías internacionales señalaban la falta de evidencia, aunque indicaban que no parecía perjudicial y que algunas actividades físicas podían ser beneficiosas. La guía la clasificaba como «evidencia débil, solo recomendada en estudios experimentales» y pedía no restar medios a los tratamientos principales.
Lo que recoge la guía de AETAPI, más reciente
AETAPI, en su guía sobre diversidad sensorial, resume revisiones posteriores (Steinbrenner y colaboradores, 2020; Hume y colaboradores, 2021) que incluyen la terapia de integración sensorial de Ayres como práctica con evidencia específica para determinadas áreas y en distintas etapas de la vida. Pero pone condiciones:
- La realiza un terapeuta ocupacional con formación de posgrado en integración sensorial.
- Requiere una evaluación exhaustiva previa.
- La persona participa de forma activa, a través del juego, y se recomienda en entornos naturales.
- Muchos estudios tienen limitaciones metodológicas y resultados mixtos, así que la evidencia no es alta y hacen falta más investigaciones.
- Es solo una de las muchas formas de abordar la diversidad sensorial, y aconseja considerar otras prácticas dentro de un equipo interdisciplinar.
Como las dos guías españolas no coinciden del todo, mi conclusión prudente es esta: la terapia de Ayres, aplicada por terapeutas formados y con objetivos claros, cuenta con algún apoyo en revisiones recientes, pero el nivel de evidencia sigue siendo limitado. No se debe prometer a las familias que cure ni que mejore los síntomas centrales del autismo.
Lo que no se puede considerar basado en la evidencia
AETAPI recoge que la revisión de Nowell y colaboradores (2021) no encuadra entre las prácticas basadas en la evidencia estas intervenciones:
- Equipos para estimulación pasiva: protocolos de cepillado, columpios, chalecos o mantas con peso.
- Dietas sensoriales.
- Gimnasio sensorial.
- Intervención sensoriomotora.
- Terapia de estimulación auditiva.
Y recuerda que la guía de práctica del Instituto de Salud Carlos III (2006) concluyó que la integración auditiva y las lentes de Irlen no tenían evidencia. Algunas de estas prácticas pueden resultar agradables o tranquilizadoras para ciertas personas, y eso es una razón válida para ofrecerlas, pero no es lo mismo que decir que «funcionan» como tratamiento. Sobre ello, mira dieta sensorial y presión profunda.
¿Qué sí tiene respaldo en lo sensorial?
AETAPI cita a Steinbrenner y colaboradores (2020) para señalar que las prácticas cognitivo-conductuales dirigidas a la autorregulación y la autoconciencia muestran buen funcionamiento a partir de unos 6 años. También recoge ajustar el entorno (menos estímulos, cascos o tapones) y apoyar la anticipación, como estrategias razonables que se proponen junto a las intervenciones clínicas. Lo que une a todas las prácticas avaladas, dice la guía, es trabajar actividades reales en ambientes naturales y contar con la familia.
¿Cómo decidir como familia?
- Pregunta qué evaluación se ha hecho y qué objetivos concretos se plantean.
- Pide que expliquen cómo medirán los resultados, y que los revisen.
- Desconfía de promesas de curación o de resultados garantizados.
- Que no sustituya a lo principal: educación, comunicación, apoyo emocional y apoyos en casa y en el colegio.
- Si quieres elegir profesional, mira cómo elegir un terapeuta ocupacional.
Preguntas frecuentes
¿La integración sensorial funciona?
Las guías españolas no coinciden del todo: la de 2006 hablaba de evidencia débil y la más reciente de AETAPI recoge apoyo en revisiones posteriores para la terapia de Ayres con ciertas condiciones. El nivel de evidencia sigue siendo limitado.
¿Es peligrosa?
La guía de 2006 señalaba que no parecía perjudicial. De todos modos, debe aplicarla un profesional formado y con la participación de la persona.
¿Sirven las mantas y chalecos con peso?
AETAPI recoge que no se consideran prácticas basadas en la evidencia. Si una persona los encuentra cómodos, puede usarlos con supervisión, sin esperar que traten el autismo.
¿Qué es mejor para la ansiedad por los ruidos o las luces?
Adaptar el entorno, anticipar lo que va a pasar y enseñar estrategias de regulación, según las fuentes.
Para seguir leyendo
Para saber más
«La diversidad sensorial en las personas con TEA. Prácticas recomendadas para mejorar la calidad de vida de las personas con TEA y sus familias» (AETAPI); «Guía de buena práctica para el tratamiento de los trastornos del espectro autista» (Revista de Neurología, 2006); «Introducción a la teoría de la integración sensorial de J. Ayres» (formación de terapia ocupacional, 2017).
