El procesamiento sensorial es la forma en que el sistema nervioso recibe y organiza lo que llega por los sentidos, y en el autismo suele ser diferente. Un pitido que casi nadie nota puede hacer que una persona autista se tape los oídos y salga de la sala. Una etiqueta en el cuello puede arruinar un día. Y otra persona puede no notar que se ha hecho daño. Todo eso tiene que ver con el procesamiento sensorial. Esta entrada explica qué se sabe, sin tecnicismos y sin prometer más de lo que las fuentes permiten.
En resumen
- El procesamiento sensorial es la forma en que el cerebro recibe, organiza e interpreta la información de los sentidos.
- Según AETAPI, más del 90 % de las personas autistas muestra un perfil sensorial diferente.
- Puede haber hipersensibilidad, hiposensibilidad o ambas a la vez, según el sentido y el momento.
- Ayudan ajustar el entorno, hacerlo más predecible, enseñar a regular las emociones y trabajar en equipo.
¿Qué es el procesamiento sensorial?
Es la forma en que el cerebro recibe, organiza e interpreta la información de los sentidos. Además de los cinco conocidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto), AETAPI recuerda otros dos que informan del propio cuerpo: el propioceptivo (posición y movimiento de músculos y articulaciones) y el vestibular (equilibrio y gravedad). Esa información influye en cosas cotidianas: mantenerse sentado, escribir, montar en bici, tolerar la ropa o la ducha.
¿Qué se sabe en el autismo?
- Según AETAPI, hay evidencias claras de que el procesamiento sensorial está afectado en todas las modalidades del autismo (visual, auditiva, táctil, olfativa y gustativa), y más del 90 % de las personas muestra un perfil diferente.
- Se incluyó como criterio diagnóstico en el DSM-5 (2013).
- Puede haber hipersensibilidad (umbral bajo: se evita el estímulo), hiposensibilidad (umbral alto: se busca) o ambas a la vez. Una persona no es solo «buscadora» o solo «evitadora»: puede variar según el sentido y el momento.
- Plena Inclusión añade otras formas: fluctuación (cambia de hiper a hipo según la situación) y dificultad para discriminar estímulos.
Hay variaciones con la edad: AETAPI recoge que la hiporrespuesta es más común hasta los 12 meses, y que la hiperreactividad y la búsqueda sensorial aumentan entre los 0 y los 6 años, con un máximo entre los 6 y los 9, y luego tienden a disminuir. Son tendencias descritas en estudios, no reglas para cada persona.
Por qué importa en el día a día
La guía cita estudios que relacionan más hiperreactividad con más conductas repetitivas, rituales y preferencia por la monotonía, y la hiperreactividad con dificultades de comunicación social y de adaptación al aula. También se ha relacionado la sobrerrespuesta con ansiedad y la respuesta baja con depresión. Y afecta a las familias, que tienen que ser muy flexibles con rutinas y planes. Ojo: estas son relaciones observadas, no pruebas de que una cosa cause la otra. Sobre ansiedad, mira ansiedad en el autismo; y sobre adultos, estrés sensorial en adultos con autismo.
¿Cómo se valora?
AETAPI pide una evaluación exhaustiva e individual: observaciones estructuradas y no estructuradas, pruebas estandarizadas y entrevistas, teniendo en cuenta lo que dicen la persona y su familia. En menores de 3 años recuerda que los cuestionarios a las familias no bastan y conviene observar directamente. Plena Inclusión menciona instrumentos como la lista de control de Olga Bogdashina o el Perfil Sensorial 2 de Dunn (para niños de 3 a 14 años). No son pruebas para usar por cuenta propia: los interpreta un profesional, normalmente de terapia ocupacional.
Qué ayuda
- Ajustar el entorno: menos estímulos cuando se pueda, espacios tranquilos, cascos o tapones.
- Hacerlo más predecible, con anticipación y herramientas para los cambios.
- Enseñar a regular las emociones, con apoyos externos en edades tempranas y en personas con más necesidades de apoyo, y con técnicas cognitivo-conductuales a partir de unos 6 años.
- Trabajar en equipo con terapia ocupacional, psicología, educación y familia.
Sobre qué terapias sensoriales tienen respaldo y cuáles no, lee evidencia científica de la integración sensorial. Para estrategias según el tipo de sensibilidad: manejo de la hipersensibilidad y la hiposensibilidad y manejo de la hiposensibilidad sensorial.
Preguntas frecuentes
¿Todas las personas autistas tienen problemas sensoriales?
Según AETAPI, más del 90 % muestra un perfil sensorial diferente. Pero cada persona es distinta, y no siempre es un «problema»: a veces es una preferencia.
¿Qué diferencia hay entre hipersensibilidad e hiposensibilidad?
En la primera el umbral es bajo y se evita el estímulo; en la segunda es alto y se busca. Pueden darse las dos en la misma persona.
¿Se cura o desaparece?
Las fuentes hablan de intervenciones para mejorar la función y el bienestar y de que la reactividad cambia con la edad, no de curación.
¿Quién debe evaluarlo?
Un profesional con formación en el tema, habitualmente terapia ocupacional, dentro de un equipo que incluya a la familia.
Para seguir leyendo
Para saber más
«La diversidad sensorial en las personas con TEA. Prácticas recomendadas para mejorar la calidad de vida de las personas con TEA y sus familias» (AETAPI); «Conductas que nos preocupan en personas con discapacidad», capítulo «Conocer el perfil sensorial» (Plena Inclusión, 2021).
