Procesamiento sensorial y autismo: qué es, qué se sabe y qué ayuda

Esther cuadrado Barbería

Editora de La Sonrisa de Arturo · Comunicación clara y centrada en las personas.

Lenguaje claroFrases cortas y palabras sencillas, para entenderlo a la primera.

4 min de lectura

El procesamiento sensorial es la forma en que el sistema nervioso recibe y organiza lo que llega por los sentidos, y en el autismo suele ser diferente. Un pitido que casi nadie nota puede hacer que una persona autista se tape los oídos y salga de la sala. Una etiqueta en el cuello puede arruinar un día. Y otra persona puede no notar que se ha hecho daño. Todo eso tiene que ver con el procesamiento sensorial. Esta entrada explica qué se sabe, sin tecnicismos y sin prometer más de lo que las fuentes permiten.

En resumen

  • El procesamiento sensorial es la forma en que el cerebro recibe, organiza e interpreta la información de los sentidos.
  • Según AETAPI, más del 90 % de las personas autistas muestra un perfil sensorial diferente.
  • Puede haber hipersensibilidad, hiposensibilidad o ambas a la vez, según el sentido y el momento.
  • Ayudan ajustar el entorno, hacerlo más predecible, enseñar a regular las emociones y trabajar en equipo.

¿Qué es el procesamiento sensorial?

Es la forma en que el cerebro recibe, organiza e interpreta la información de los sentidos. Además de los cinco conocidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto), AETAPI recuerda otros dos que informan del propio cuerpo: el propioceptivo (posición y movimiento de músculos y articulaciones) y el vestibular (equilibrio y gravedad). Esa información influye en cosas cotidianas: mantenerse sentado, escribir, montar en bici, tolerar la ropa o la ducha.

¿Qué se sabe en el autismo?

  • Según AETAPI, hay evidencias claras de que el procesamiento sensorial está afectado en todas las modalidades del autismo (visual, auditiva, táctil, olfativa y gustativa), y más del 90 % de las personas muestra un perfil diferente.
  • Se incluyó como criterio diagnóstico en el DSM-5 (2013).
  • Puede haber hipersensibilidad (umbral bajo: se evita el estímulo), hiposensibilidad (umbral alto: se busca) o ambas a la vez. Una persona no es solo «buscadora» o solo «evitadora»: puede variar según el sentido y el momento.
  • Plena Inclusión añade otras formas: fluctuación (cambia de hiper a hipo según la situación) y dificultad para discriminar estímulos.

Hay variaciones con la edad: AETAPI recoge que la hiporrespuesta es más común hasta los 12 meses, y que la hiperreactividad y la búsqueda sensorial aumentan entre los 0 y los 6 años, con un máximo entre los 6 y los 9, y luego tienden a disminuir. Son tendencias descritas en estudios, no reglas para cada persona.

Por qué importa en el día a día

La guía cita estudios que relacionan más hiperreactividad con más conductas repetitivas, rituales y preferencia por la monotonía, y la hiperreactividad con dificultades de comunicación social y de adaptación al aula. También se ha relacionado la sobrerrespuesta con ansiedad y la respuesta baja con depresión. Y afecta a las familias, que tienen que ser muy flexibles con rutinas y planes. Ojo: estas son relaciones observadas, no pruebas de que una cosa cause la otra. Sobre ansiedad, mira ansiedad en el autismo; y sobre adultos, estrés sensorial en adultos con autismo.

¿Cómo se valora?

AETAPI pide una evaluación exhaustiva e individual: observaciones estructuradas y no estructuradas, pruebas estandarizadas y entrevistas, teniendo en cuenta lo que dicen la persona y su familia. En menores de 3 años recuerda que los cuestionarios a las familias no bastan y conviene observar directamente. Plena Inclusión menciona instrumentos como la lista de control de Olga Bogdashina o el Perfil Sensorial 2 de Dunn (para niños de 3 a 14 años). No son pruebas para usar por cuenta propia: los interpreta un profesional, normalmente de terapia ocupacional.

Qué ayuda

  • Ajustar el entorno: menos estímulos cuando se pueda, espacios tranquilos, cascos o tapones.
  • Hacerlo más predecible, con anticipación y herramientas para los cambios.
  • Enseñar a regular las emociones, con apoyos externos en edades tempranas y en personas con más necesidades de apoyo, y con técnicas cognitivo-conductuales a partir de unos 6 años.
  • Trabajar en equipo con terapia ocupacional, psicología, educación y familia.

Sobre qué terapias sensoriales tienen respaldo y cuáles no, lee evidencia científica de la integración sensorial. Para estrategias según el tipo de sensibilidad: manejo de la hipersensibilidad y la hiposensibilidad y manejo de la hiposensibilidad sensorial.

Preguntas frecuentes

¿Todas las personas autistas tienen problemas sensoriales?

Según AETAPI, más del 90 % muestra un perfil sensorial diferente. Pero cada persona es distinta, y no siempre es un «problema»: a veces es una preferencia.

¿Qué diferencia hay entre hipersensibilidad e hiposensibilidad?

En la primera el umbral es bajo y se evita el estímulo; en la segunda es alto y se busca. Pueden darse las dos en la misma persona.

¿Se cura o desaparece?

Las fuentes hablan de intervenciones para mejorar la función y el bienestar y de que la reactividad cambia con la edad, no de curación.

¿Quién debe evaluarlo?

Un profesional con formación en el tema, habitualmente terapia ocupacional, dentro de un equipo que incluya a la familia.

Para saber más

«La diversidad sensorial en las personas con TEA. Prácticas recomendadas para mejorar la calidad de vida de las personas con TEA y sus familias» (AETAPI); «Conductas que nos preocupan en personas con discapacidad», capítulo «Conocer el perfil sensorial» (Plena Inclusión, 2021).

Nuestro contenido se basa en guías de buenas prácticas de instituciones de referencia en autismo y neurodiversidad.

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